miércoles, diciembre 07, 2005

Instantánea

Desde el ventanuco contemplaba un mundo azul. Veía el cielo. Bañado por el Sol había un hermoso jardín con fuentes y flores por doquier y el arrullo del agua era acompañado por los cantos de las aves que allí habitaban. En verdad los grandes señores eran elegidos de Dios; ese lugar debía de ser muy parecido al Paraíso de Adán.

Con un suspiro la niña se apartó de la ventana, ya había perdido demasiado tiempo. Corrió hacia las despensas a realizar el encargo y luego de vuelta a las cocinas. Al mundo gris al que pertenecía. No pasaría de los treinta.

lunes, diciembre 05, 2005

Calma

Tal vez no sea calma de verdad la que vivo ahora, tal vez sea tan solo un sistema inercial. Pero viene a ser lo mismo.

Pasé el fin de semana otra vez en la Rioja. Fuimos de cena muchos primos, al final diez, porque como era de esperar, las dos universitarias tenían trabajos o exámenes y venirse les suponía perder dos días en viajes. No tuve suficiente tiempo para hablar con todos, pero estaban allí que es lo que importa. Tal vez vuelva a ver a algunos por Navidad y podamos hablar más tranquilamente. Somos bastante clan, estoy orgullosa de pertenecer a él.

Por otro lado también se está estabilizando otra situación. Preferiría que no fuera intermitente, pero lo es. Y me da miedo pensar en las implicaciones que tendría el que no lo fuera. Casi me da vértigo. También me daba miedo saltar desde el espigón y eso no evitó el chapuzón nunca. :) Eso sí, imposible olvidar la sensación de terror durante un instante cuando ya has saltado y estás en el aire, aún sin caer, y ves unos metros más abajo el agua. :)

Me acabo de parar, he levantado la vista y me gusta lo que veo. Me gusta mi vida. Me apetece saborearla según viene, los sabores dulces y los amargos, los sabores exóticos inesperados, los que evocan recuerdos del pasado.

Me apetece recuperarme a mí, pasar por la vida y no que ésta pase sobre mí. El tren está en marcha y ya no noto la velocidad. Al mirar por la ventana, me gusta lo que veo.